Editorial
Una amenaza constante
En cualquier sociedad democrática, la información es un pilar fundamental para la toma de decisiones de la ciudadanía y la construcción de una comunidad informada. Sin embargo, en Arica, este derecho está siendo vulnerado de manera sistemática a través del robo de cables en el sector de Morro Gordo, donde se encuentran las antenas transmisoras de las principales radioemisoras de la ciudad. Catorce veces en seis meses se han perpetrado estos ataques que han dejado a miles de personas sin acceso a información local y a servicios esenciales de telecomunicaciones.
Más preocupante aún es la sensación de impotencia que han manifestado las radioemisoras y empresas de telecomunicaciones ante la falta de una respuesta efectiva de los organismos pertinentes. Los llamados de auxilio han sido reiterados y la falta de acciones concretas ha permitido que este delito se repita con alarmante frecuencia. La visita de autoridades como el senador José Miguel Durana y el diputado Enrique Lee al sitio de los hechos es un paso inicial, pero es insuficiente si no se traduce en medidas concretas y urgentes.
El Congreso ya ha aprobado un proyecto de ley que endurece las penas para quienes roben, reciban y comercialicen cables de cobre de origen ilícito. Sin embargo, esto debe complementarse con acciones preventivas y con una mayor fiscalización a quienes compran este material. Además, se hace urgente que las autoridades articulen una estrategia conjunta para proteger este punto crítico de las comunicaciones en Arica.
Una de las opciones que ha sido planteada es trasladar las antenas a un lugar más seguro. Sin embargo, esto no puede ser un proceso eterno ni una solución parche. Las comunicaciones deben ser consideradas infraestructura crítica, y su resguardo debe ser una prioridad estatal.
Cada día que pasa sin una solución efectiva es un día en el que los ariqueños quedan expuestos a la desinformación y la incomunicación. La libertad de prensa y el derecho a la información y la entretención no pueden depender de la capacidad de las radioemisoras para reponer cables cada vez que los delincuentes deciden actuar.
"Catorce veces en seis meses se han perpetrado estos ataques que han dejado a miles de personas sin acceso a información local".